A la prominente hipocresía e insensibilidad social de los evangélicos, que a veces resulta tragicómica, desesperante. Demasiados pastores consagrados al apostolado del dólar, de las ofrendas. Muchas iglesias no crecen, son cementerios. Muchos desestiman el espíritu y fuego de la Reforma Protestante. Otros son libidinosos desenfrenados. Otros no discipulan al novato. En casi todas las ciudades el miserable divisionismo protestante es un clásico. No siempre la santidad va en la primera línea.